Aquí se viene a mojar, a reír y a repetir.
Lo castizo, pero con chispa. Y con chorreo.
Lo vimos paseando por Hondarribia en 2023, una calle llamada Murrua.
No sabíamos qué significaba, pero tenía algo. Lo dijimos en voz alta. Lo repetimos. Nos sonó a bocado, a gesto, a risa. A “morro”.
Y entonces lo recordamos: en Andalucía, estar morrúa es estar de morros, malhumorada. Y dijimos: ¿y si hacemos justo lo contrario?
Así nació Morrūa: de un cartel, un morro, y una misión. Diseñar sonrisas. Elevar lo cotidiano. Y servir churros que, de verdad, sientan bien.
Morrúa empezó como empiezan las mejores ideas: entre risas, churros y un “¿y si lo hacemos mejor?”. Queríamos lo de siempre, pero más crujiente. Más bonito. Más nuestro. Y lo freímos hasta que salió redondo.
Churros recién hechos, cafés que acarician, y combos que te arreglan la mañana (o la resaca). Todo con mimo. Hasta el baño tiene gracia.
Morrúa es diseño, luz bonita y olor a churro.
Aquí mojas sin prisa. Te manchas con gusto. Y si vienes solo, te vas con ganas de volver acompañado.
Porque lo bueno no solo se come. Se respira.
No solo freímos churros.
También freímos ideas (y las servimos calentitas).

Nos inspiran los bares de siempre, pero sin servilleta en el suelo. Aquí se respeta lo clásico... y luego se le da una vuelta .

Cuidamos lo que se come y cómo se ve. Churros crujientes, vajilla bonita y carteles que se leen con la boca llena.

Lo nuestro va con azúcar, sí. Pero también con risas, libertad y cero remordimientos. Se goza, se moja y se repite.